domingo, 18 de julio de 2010

El escupitajo geográfico

La carretea de Manali a Leh es una pesadilla de 20 horas. Eso todos lo sabemos. Lo que no sabemos es lo que sudece si llueve durante 4 días consecutivos. Y os prometo que por más que os intente explicar o poner en imágenes, nada te prepara para la realidad.

El día 6 inicié con Dídac mi vuelta a Delhi. La haríamos en el coche de Vicky y decidimos salir a las 5 de la mañana. Fuimos a llenar el depósito y, por si acaso, llenamos una garrafa de 5 litros con más gasolina. En las 20 horas que nos llevo la ida no encontramos ninguna gasolinera.

Y con sueño pero la ilusión de dormir el mismo día 6 en Manali, iniciamos, de nuevo, una de las rutas más peligrosa del mundo. No sabíamos nada de lo que había pasado los días anteriores. En principio la carretera estaba abierta. Teniendo en cuenta que sólo está abierta 3 meses al año y que este año la habían abierto un mes más tarde de lo habitual, te hacía pensar que el viaje iba a ser como la ida: largo, tortuoso por la inexistencia de carretera y peligroso, pero nada más. Eso ya lo conocíamos, así que tampoco era para tanto.

Pero nos equivocábamos.
Para que os hagáis una idea de lo que nos encontramos os animo a que penséis en mucha agua, pero mucha, mucha, mucha agua (ríos de agua donde debía haber carretera) glaciares, nieve, hielo, barro, 4 desprendimientos de tierra (desprendimientos de montañas, me refiero), rocas de 1 metro por 2 metros, gravilla, más rocas pequeñas, baches inmensos, piscinas de agua naturales que hacían pensar que nos íbamos a sumergir en ellas hasta el cuello sin remedio, lluvia, nieve, agua, más agua, más barro... Y que os lo metáis todo esto en la boca. Os enjuaguéis la boca con ello y lo escupáis donde más os apetezca. Da igual donde, el resultado es el mismo: un escupitajo, ¿verdad? Pues esto en versión geográfica, es decir en medio de un paraje montañoso, es lo que nos encontramos.

De nuevo, el paisaje -cuando lo podíamos ver porque la niebla había desaparecido- era maravilloso. Pero estar en un coche en esos caminos era simplemente una pesadilla que te helaba la sangre al sentir lo fácil que era acabar descendiendo con el coche por ese magnífico río que no existía con anterioridad y que había ocupado el espacio de un supuesto camino, que no carretera. Y no es que nos imagináramos lo peor, es que acabábamos de ver un camión destrozado a 30 metros de donde estábamos pasando nosotros.

Aún así, las primeras 8 horas no fueron tan malas si las comparamos con las siguientes. Encontramos nieve al poco de comenzar a subir y cuando llegamos al paso más alto -unos 5.000 metros- paramos a calentarnos con un tecito al abrigo de una tienda de campaña. Allí nos encontramos con unos valientes motoristas que se dirigían a Leh. Sin duda, habían dejado atrás lo peor. Y es más, ni se lo habían encontrado. Habían tenido la suerte de empezar el viaje antes de que la carretera (por darle un nombre) se hiciera casi intransitable o incluso quedara bloqueada.

Seguimos nuestro viaje y unas 2 ó 3 horas más tarde nos encontramos con una zona de nieve donde los glaciares eran los protagonistas. Seguía nevando.
Una fila de camiones frente a nosotros nos indicó que algo no iba bien. Demasiados juntos. Nos quedamos parados debajo de un glaciar. En el coche hacía mucho frío pero teníamos música, el ordenador, abrigos... no estaba tan mal. Claro, cuando el tiempo empezó a pasar y la mejor posibilidad era quedarnos a dormir allí mismo en el coche, la cosa cambia. Si le añades que tienes un glaciar sobre tu cabeza que puede desprenderse en cualquier momento, todavía cambia más.
La noche llegó y ya nos habíamos hecho a la idea de que dormiríamos allí así que nos pusimos a ver una peli en el ordenador (gracias Umut, PI nos iluminó la noche) hasta que cogimos el sueño cubiertos con los abrigos y el resto de la ropa de invierno que teníamos. Por lo menos nos habíamos movido y el glaciar inicial ya no cubría nuestras cabezas. Ahora lo hacía otro más pequeño.

7 horas más tarde la fila comenzó a moverse. A las 2.30 de la mañana conseguimos alcanzar Keylong -la aldea más grande de la zona-. A mí, des estrés del viaje y del mismo viaje en sí, se me cerraban los ojos solos. Nos pusimos a buscar guest house donde pasar la noche y tras probar en 3, la cuarta tenía luz. ¡Estaban viendo el futbol! La Worldcup nos salvó de dormir en el coche.
Tal cual estábamos nos fuimos a dormir. Con suerte la carretera desde Keylong a Manali seguiría abierta a la mañana siguiente, día 7 de julio.

Con calma desayunamos e iniciamos de nuevo el camino. Ahora ya no nevaba, sólo llovía. Que la carretera estuviera abierta era todo un misterio. Preguntamos a varios locales y la conclusión que sacamos era que teníamos que probar. Así que para allá nos fuimos. Y de nuevo nos volvimos a encontrar con el escupitajo geográfico en toda su expresión. Todos sufríamos por los bajos del coche cuando escuchábamos que rozaba o arrastraba una o varias piedras y rezábamos para que la suspensión no muriera en el camino. Cada vez que pasábamos por una piscina de agua volvíamos a rezar para que el coche no se quedara encallado y el agua no fuera tan profunda que entrara dentro del coche. Y al pasar, respirábamos de nuevo.
Unas 3 horas más tarde y tras haber pasado un par de desprendimientos de tierra grandes, convertidos en ríos de barro pensábamos que al fin y al cabo la cosa no estaba tan sumamente mal. Que si ese era el desprendimiento que nos podía bloquear habíamos tenido suerte y ya lo habían desbloqueado. Pero no, de nuevo nos encontramos con el escupitajo. Esta vez convertido en vómito. Después de pasar Sissu (una aldea preciosa) nos volvimos a encontrar con una hilera de camiones. Mala señal.
A menos de un kilómetro de donde tuvimos que parar la tierra se había comido todo lo que encontrí a su paso. Es decir, el camino. Yo no lo vi. Pero Dídac le dio como mínimo dos semanas de trabajo para poder volver a abrir la carretera. Yo me quería morir. El 9 llegaban Charo y mi madre a Delhi. ¡Tenía que estar allí! Joder, ¡había salido con 3 días completos!
A nuestra izquierda salía otra carretera que, por lo que nos contaban los locales que andaban por allí, los coches que habían intentado cruzarla se había vuelto.
De nuevo decidimos intentarlo. Lo peor sería que tuviéramos que volver.
El súper coche de Vicky podía con todo. Y Vivky es, auqnue bastante joven, muy buen conductor. Aún así el pobre llevaba todo el camino conduciendo. Bueno, vale, excepto unos pocos metros kilómetros que condujo Dídac -muy buen conductor también, pero europeo. Hay que ser indio para conducir en semajantes condiciones-.
Y entonces vimos por qué se volvían. Ahí os dejo la foto. Creo que lo explica claramente. (en cuanto pueda descargarla os la subo, no he podido, sorry)

Y lo pasamos como unos campeones. Dídac ya llevaba un rato descalzo después de haber metido los pies en el fango casi hasta las rodillas, así que pasó por el agua saltado de roca en roca. Yo tuve la suerte de pillar un coche más grande detrás de mí y pasarlo en coche. Lo siento, pero fue acojonante. Cuando terminamos de pasarlo y continuamos me temblaban las manos.

Pero pasamos.

Todavía nos quedaba el paso de Rothang, que no sabíamos si estaba abierto. Llegamos al punto de control policial donde hay que enseñar los pasaportes y nos encontramos con todos los minibuses que habían dejado Leh el mismo día que nosotros pero 3 horas antes. Habían pasado la noche allí porque la carretera estaba bloqueada. Otro desprendimiento de tierra.
Al poco de llegar nos informaron que la carretera volvía a estar abierta. ¡¡¡Yujuuuu!!! llegaremos hoy a Manali!!! No estaba tan mal eso de llegar un días más tarde. Al fin y al cabo yo tenía que hacer todavía de Manali a Delhi, que eran otras tantas horas de viaje.
Pero de nuevo, tras unas 2 horas de viaje nos encontramos con otra fila de todos los transportes que había salido desde el punto de control.
Otro desprendimiento de tierra. Esta vez sí me acerqué a verlo. Hacía un frío de muerte, pero allá nos encaminamos.
Había visto en documentales otros desprendimientos de tierra, pero nunca en directo. Y nunca me podría haber imaginado algo así. Literalmente, un trozo de montaña se había desprendido (como su nombre indica) y había caído sobre el camino. La definción está clara pero no la dimensión. ¿Sabéis lo que es ver unos 7 metros de ancho de montaña por unos 3 metros de alto caídos a tus pies? Pus eso fue lo que encontramos. Rocas y barro en dimensiones impresionantes. Y mucha gente intentando sacarlas del camino y mirando al cielo al mismo tiempo, controlando que no siguiera cayendo más montaña y nos matara a todos.
Al rato, pudimos comenzar a movernos. “Sólo coches pequeños”, era la premisa. Los minibuses, camiones y demás seguirían allí bloqueados.
Cruzando los dedos y bajándonos a empujar conseguimos pasar. Ya era de noche. Con suerte dormiríamos en Manali esa noche.
Y así lo hicimos. A las 22.00 entrábamos en Manali. Agotados, extenuados, pero en nuestro destino tras más de 40 horas de viaje.
Al día siguiente, día 8 continuaría hacia Delhi, dejando atrás 10 días de aventuras y desventuras y mucha energía positiva con Dídac.
Pero esa es otra historia, porque ahora mismo son las 10.30 de la mañana del día 9 y todavía no he llegado a Delhi....
No sé si viajando en burro lo podría hacer más rápido. Probablemente no en India.

2 comentarios:

  1. Niña... tengo los pelos de punta.... la verdad es que es un poco una locura esto que hicisteis no?
    Después de ver las notícias de turistas atrapados en Leh durante días tal vez lo mas seguro hubiese sido no tomar la carretera, aunque llegara familia pero bueno... estas salva y eso es lo que importa!

    Un beso enorme... a ver si nos vemos pronto.

    Guillem

    ResponderEliminar
  2. Ya, la verdad es que tuvimos más suerte de la que creíamos en ese momento. AL ver las noticias después, no me sorprendí demasiado. Este verano ha sido muy duro para los viajeros españoles por el mundo.Siempre queda esperar que no se repita. Pero nunca se sabe...
    Besazo enorme!
    Nos vemos a la vuelta! :)

    ResponderEliminar