28/06/2010
Beaches y más Beaches in Gokarna paradise y un brasileño afincado en Australia para compartirlas
Siento ir tan retrasada escribiendo. Una de las razones es que en el sur hacía tanto calor que el ordenador se calentaba de tal manera que me daba miedo que llegara a fundirse. Ridículo, probablemente, pero cierto. Y la segunda, compresible, es que me daba una pereza encender el ordenador de muerte.
Casi todos habéis visto las fotos que he colgado en facebook así que ya os sabéis algunas historias. De modo que os hago un resumen rápido de lo que hice desde Goa hasta la fecha y paso a relataros mi experiencia en el norte de India.
En Goa, un día en una tienda donde estaba conectada a internet llegó un chico que parecía un indio inglés -es decir, vestía ropa wster-western pero tenía pinta de indio- muy estresado por conectarese a Skype -en algunos lugares en India no hay forma de encontrar Skype-. Yo estaba en el único ordenador con skype así que se lo cedí. Salimos de la tienda los dos juntos al acabar y fuimos caminando hacia la playa por la única carretera que hay para llegar y empezamos a hablar. Estábamos en Benaulim, una playa preciosa que se llenaba de turistas indios y otros locales al caer el sol. Hablando y caminando nos fuimos a comer a la playa. Y seguimos hablando y hablando y hablando y hablando... y resultó que había muchísimas coincidencias entre los dos como el día de nacimiento, por ejemplo o que habíamos estudiado periodismo/comunicación y queríamos hacer un giro a nuestra vida y dirigirnos hacia la rama de salud... Tantas coincidencias nos llevaron a continuar juntos el viaje. Y de Goa nos fuimos a Gokarna, a dos horas de tren.
Allí el atardecer más maravilloso de mi vida nos recibió al llegar. Concretamente en Kudle Beach, una pequeña cala donde pudimos bañarnos completamente solos en más de una ocasión y donde decidimos quedarnos los 4 días que pasamos en Gokarna. Ah! Y¡¡¡ donde pude bañarme de nuevo en bikini, gran acontecimiento en India fuera de Goa!!!
Como era fuera de temporada -mayo- casi todas las guest houses estaban cerradas y solo había dos restaurantes en la playa abiertos.
Una mañana decidimos ir a visitar las playas más cercanas: Om Beach, Half Moon Beach y Paradise Beach a pie. Así que después de desayunar nos fuimos en busca del camino que se suponía fácil de encontrar hasta Om Beach. Mi gran capacidad de pérdida y nula orientación ayudó a que nos perdiéramos en varias ocasiones antes de descubrir que el camino consistía en una especie de estepa rocosa con pinchos en el suelo que se te clavaban en la carne de los pies que quedaba al descubierto de las sandalias. Claro que a ninguno nos apetecía pasar por allí y lo estábamos evitando a toda costa auto-convenciéndonos de que ese no podía ser el camino-no-camino. Pero no hubo forma, cuando nos rendimos a la evidencia ya llevábamos más de media hora elucubrando a cerca de las posibilidades bajo un sol que se hacía cada vez más duro de soportar. Hablamos de 40 grados en los días frescos. Por esto que no sea temporada en mayo..
Al final llegamos a Om Beach y como era fin de semana estaba lleno de indios, la mayoría bussines men y jóvenes “súperchachis rollo technotron con los cuellos de las camisas levantados y mega gafas de sol”de Bangalore. Allí mi intención de darme un baño en bikini se redujo a “ni de broma me quedo medio en bolas delante de estos degenerados de la gran ciudad que vienen a desfasarse a Gokarna” así que decidimos probar suerte en otra de las playas. Y con la cabeza llena de maravillosas imágenes sobre lo que auguraba Paradise Beach continuamos caminando.
Si en un primer momento el camino a Om Beach nos había parecido indescifrable, el de Paradise no lo era menos. Preguntamos y a modo indio nos indicaron la dirección. Esto quiere decir que un tipo levantó la mano así como recta y la movió arriba y abajo, lo que intuímos que significaba que continuáramos recto. Como no teníamos a nadie más a quien preguntar para confirmar la información y la playa simplemente se terminaba ahí, le hicimos caso. Vamos, que no teníamos más alternativa. Y así, aparecimos a la puerta de una casa, porque eso de continuar recto no era tan fácil. Por lo meno, la mujer de la casa acabó de informarnos que era recto, pero rodeando su casa, no entrando hasta la cocina...
Y desde ese momento nos adentramos en u bosquecito y nos adentramos más, y más y más y más... y “joder, ¿pero estás seguro de que este es el camino? -en inglés, claro- “mmmmmm, bueno, el mar suena a nuestra izquierda, deberíamos encntrar la playa en algún momento, no crees? Ya llevamos más de una hora caminando” “mmmm, sí bueno, a lo mejor”.
Y de repente el camino se acabó y en vez de una paradisiaca playa aparecieron un conjunto de grandes rocas contra las que el mar chocaba sin cesar. Y junto con las rocas, un saddhu -hombre dedicado exclusivamente a la vida espiritual, hecho que le lleva a vestir ropas raras, ir con el torso al aire y tener la cara pintada de diversos divinos colores- a quien preuntamos si ése era el camino, a través de las roas. “Sí, sí, continuar recto”. Recto quería decir saltando de roca en roca. Nos miramos y como no pensábamos volver sin haber visto la paradisiaca playa prometida, nos aventuramos a saltar de roca en roca. Tras más de media hora llegamos a Half Moon Beach, o lo que sería lo mismo, dos metros de maravillosa arena entre dos grandes rocas con una casita con locales resguardándole las espaldas. Y preguntamos de nuevo. Y recibimos la misma respuesta del brazo en alto. Y continuamos. Y llegamos a la supuesta paradisiaca playa... llena de los anteriormente descritos jóvenes “súperchachis rollo technotron con los cuellos de las camisas levantados y mega gafas de sol”de Bangalore, que habían sido más listos que nosotros y habían hecho el trayecto desde Om Beach en barca y llevaban bañándose las 3 horas que nos había costado a nosotros a nosotros llegar. Eso sí, el minitrek había sido muy mono y la experiencia entre las rocas, como mínimo, interesante.
Ya era hora de comer y nos moríamos de hambre, pero tras tan largo recorrido no podíamos no bañarnos, así que Heitor se metió en el agua y yo metí los pies... Tanto bangalorí no me animaba lo más mínimo a meterme en el agua medio desnuda. Así que me quedé mirando a Heitor hasta que nos fuimos a comer al único restaurante abierto. No era temporada.
La vuelta la hicimos en barca hasta Om Beach. Y allí se me ocurrió preguntar a un hombrecillo de gran barriga -bussiness man from Bangalore, of course- si el bus que tenía a su espalda era público.
“No, no es privado, lo he alquilado con uns amigos, pero somo 9 y hay sitio para 11. Dónde vais. A Gokarna city? Pues ala, os invitamos al trayecto. ¡Venid con nosotros! Qué es tú novia? No, mi mujer (tengo que añadir que en India he estado casada tantas veces como compañeros de viaje chicos he tenido. Es la forma de que me respeten más y el tema tocamientos se reduzca al mínimo posible). Muy bien, muy bien. A todo esto nos había dado la mano y dicho su nombre unas 4 vecs en 5 minutos. Muy amable, pensamos los dos. Pero que muy amable... Y nos metimos en el minibus. Una vez dentro nos presentó al resto de bussiness men. Una vez, dos veces, tres veces... Que sí, que sí que ya les conocemos. Y repetíamos Nice to meet you al tiempo que nos los volvía a presentar. Ahí, la perspicacia entró en juego y nos dimos cuenta que llevaba una taja el hombrecillo de gran barriga que ni él mismo se la creía. Y sus amigos, tajas también, pero menos, le recordaban cada 10 minutos que ya nos había presentado.
Y el trayecto comenzó y con él el espectáculo. El minibus tenía tele y en la tele habían puesto una grabación de vídeos de canciones de las pelis de bolliwood con las coreografías... pues sí, tendríais que ver al hombrecillo de gran barriga en medio del pasillo del minibus de 11 plazas bailando Bolliwwod manos arriba, manos abajo, cabeza a un lado, cabeza al otro, barriga arriba (para ajustarla al espacio libre disponible), hombros salerosos adelante y atrás al ritmo de la canción...
“Bailad, bailad conmigo!”, propuesta dirigida directamente a mí con ojillos golosos por la idea que tenía en la cabeza y colorados por el alcohol.
“gracias, gracias, pero no sé bailar bolliwood. Estoy bien aquí”, le decía yo desde mi asiento en la ventana y no paraba de reírme por lo divertido de la situación.
“Prueba este licor, que es muy bueno” le decían a Heitor. “Ella no, pero tú puedes probarlo, es local, muy rico”. “Jajajaja, no gracias, no bebo alcohol, pero gracias, gracias” decía Heitor una y otra vez. Porque igual que se presentó 300 veces, nos repetía las mismas frases el mismo número de veces.
Y es que tengo que aclarar que e alcohol es cosa de hombres de india, no de mujeres. Tanto es así que en Mysore, un día cuando acompañaba a Óscar y Juan a tomer una cerveza en un bar, el guarda de la puerta me negó el paso. Imaginaros mi indignada reacción. La razón, era una bar donde los hombres, sólo los hombres, se emborrachaban a costa del sueldo familiar. Y claro, ahí una mujer no era bienvenida. No es que me apeteciera compartir espacio con semejantes especímenes, pero que no tuviera elección me puso de un ánimo que no veas. Aún así, tanto Óscar como Juan se compraron la cerveza, cosa que me pareció fatal. Es cierto que no es fácil encontrar cerveza en algunos sitios en India, pero apoyar a la causa anti mujeres... mu pero que mu mal!
Pues así, entre canciones y gritos y licor local llegamos a Gokarna, donde nos despedimos de la tropa de bussines men from Bangalore y nos volvimos a la tranquila Kudle Beach a darnos el último baño del día, primero para mí.
De Gokarna a Varanassi de una tirada
Como lo oís. No sé cuantos kilómetros hay pero seguro que unos 2.000. Que cómo lo hicimos? En tren. Cuándo compramos los billetes? Un día antes. Cómo encontramos plaza? No encontramos.
Así que compramos la general, en la que nunca dejan de vender billetes. Sí, como lo oís. Gran experiencia ganadera porque íbamos como cerdos al matadero. Heitor, que mide más de 1,90 podía respirar por encima de las cabeza a la altura de 1,70 de los indios, pero yo... ni os cuento la cariedad de olores que detecté e identifiqué o no, en ese trayecto. En principio teníamos que pasar la noche en ese tren, así que buscamos la forma de hacerlo más llevadero. Estaba claro que el número de gente no iba a ser menos del que era ahora, así que decidimos intentar subir a la balda de los equipajes y acoplarnos de alguna manera ahí para dormir aunque fuera un poco. Así que bajo la atenta mirada de los indios e indias que nos rodeaban nos encaramamos a la balda. En este caso mi altura me ayudó a encontrar un hueco más o menos cómodo, pero Heitor tuvo que hacerse casi un nudo con las piernas para poder medio sentarse-tumbarse-estirarse. Tras dos horas en semejantes condiciones, intentando acoplarnos el uno al otro yo decidí que en la siguiente estación me bajaba y me iba a buscarme la vida al sleeper class -compartimentos en los que viajo normalmente y donde encuentras camas bastante cómodas-. La idea era ocupar una cama vacía hasta que llegara su propietario y entonces cambiar a otra cama hasta que se llegara su propietario y así toda la noche. Dependiendo de la suerte que tuviera podría dormir más o menos. Así que así lo hice. Y la suerte me sonrió de lado a lado porque me subí a una cama y nadie vino a reclamarla en toda la noche, ni siquiera el revisor apareció a pedirme el billete. Así que Heitor pasó la noche en la balda de los equipajes -ni tan mal- y yo en una cómoda cama de tren que nuca pagué. Estupendo, no?
El trayecto era hasta Mumbay, donde pasaríamos todo el día y por la noche cogeríamos otro tren -no teníamos billete así que nos esperaba la posibilidad de no tener plaza- hasta Varanassi, unas 30 horas más de tren. Esto significaba pasar otra noche más en el tren, un día entero y otra noche más hasta llegar a primera hora de la mañana a nuestro destino. Sin plaza podía ser muy duro... Pero lo intentamos y ¡lo logramos! Teníamos dos sleeper class, upper bed (the best, porque al ser la cama de arriba nadie te molesta). Nos agotamos en Mumbay caminando de arriba a abajo, de un lado a otro y preparando el trayecto con libros y comida y nos preparamos para lo peor. Al final no fue tan malo, la verdad. En el tren, como no tienes nada que hacer, duermes mucho, a horas muy extrañas. Y, curiosamente, te preparas inconscientemente para estar tantas horas dentro de un tren que al final no se te hace tan duro.
Y si algo funciona en India es el transporte ferroviario (y correos). Como los indios no perdonan una buena comida ni en el tren, constantemente pasan los trabajadores del otros personajes ofreciéndote todo tipo de comida elaborada. Nada de bocatas chungos. Aquí puedes comer un veg biriany (arroz con verduras especiado), pakoras, samosas, helados, cacahuetes, agua, lassis en tetrabrick o botellas de cristal, bananas... Vamos, que hambre no pasas. Y los indios a su vez se traen los tuppers con comida para toda la familia. Y no os penséis que comerán sandwiches, Ni mucho menos, se traen lo para nosotros sería el estofado de garbanzos con patas y ternera, una barra de pan (chapatis en este caso) y postre. Que ya os digo que no perdonan una buena comida ni en un tren de 30 horas.
Y así llegamos a Varanassi.
El calor era durillo de llevar, pero la ciudad me conquistó desde el primer momento.
Varanassi, Light in the dark, dark in the light
O lo que traducido sería “Luz en la oscuridad, oscuridad en la luz”
¿Por qué? Os explico.
Varanassi es conocida como la ciudad donde la gente va a morir. Una ciudad llena de muerte, pensaba yo, debe ser bastante lúgubre, oscura y triste. Pero Varanassi, tal y como yo la he vivido está llena de luz.
El concepto de la muerte en India es diferente al europeo. India es, ante todo, contraste de colores y Varanassi no lo es menos.
Pero creo que Varanasi hay que vivirla. Y hacerlo con calma, para acostumbrarse al acoso de los cazaclientes y de nuevos, al caos de las calles principales. Pero sin duda es un must en un viaje a India.
martes, 13 de julio de 2010
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hombre perdida, que alegria saber de ti. ya habia visto alguna foto en el carallibre, pero no es lo mismo sin las historias novelescas que nos cuentas.
ResponderEliminareso si, leyendo este post, creo que ya se que regalarte pa tu cumple ;)
Yo hice lo mismo en sentido opuesto... Varanasi Gokarna...
ResponderEliminarEl día de Navidad lo pasé en el tren, después 4 h en Mumbay 16 horas de bus hasta Goa, 4 h más de espera y 4 h más de bus hasta Gokarna...
Tremendo pero las noches en Om Beach fueron impagables... lastima de ese tremendo calor...
Mañana voy a visitar Paradise beach... seguro... seguro... uf... bueno tal vez mañana...
Al final fui pero por poco! Besos!