domingo, 5 de septiembre de 2010

Lo exótico de cumplir 29 en casa

Hace ya mucho años que no estoy por mi cumpleaños en casa. El año pasado lo pasé en India. Muy bien acompañada, aunque lejos de casa. Y el resto, desde los 21, en Barcelona.

Tras tantos meses fuera de casa, lo éxotico no es pasar mi cumple en Indonesia, como inicialmente tenía previsto, sino en casa. Y a casa me refiero a Salamanca.
Barcelona también es mi casa, pero de otra forma. Quizás podría decir que es mi casa de adulta. Y la otra es mi nido. Y siento que me apetece volver a nido. Aunque sea por unos días.
Así que mis planes han cambiado de la mañana a la noche y, de repente, tengo un vuelo en mi email que llevará a Madrid desde Tailandia.
Y como el tema es mi cumple, pues allá va un mini reportaje de la prota :P



Lo que parecía lejano, ya lo es menos. Y me alegra que sea así.

Os veo muy prontito.

Os mando un gran beso y un cálido abrazo.

Laura

jueves, 2 de septiembre de 2010

Desde Sri Lanka con amor

Tal y como decía la guía: monzón en la costa sur de Sri Lanka. No será para tanto, pensamos Sílvia y yo. Y aquí estamos, el último domingo de agosto, sentadas en la cama de nuestro hotel, barato debido a que no es temporada, viendo como llueve fuera desde primera hora de la mañana, escuchando la música que, de lejos, anima una boda local. No sabemos si budista o Tamil, es decir, hindú.
Acabo de terminar de leerme Pura Vida, obra de Mendiluce que me ha dejado con el ánimo como el del día, algo gris aunque todavía luminoso. Pero eso sí, muy sensible a las palabras, a las historias a volverme a comunicar con vosotros a través del blog. A volveros a hacer partícipes de mi aventura. Una aventura que ha cambiado sus trazos en los últimos días.

Tras una Cambodia rápida y con ganas de más, me encontré con Sílvia en Colombo, una ciudad grande, sin más aspavientos que los del tráfico y el ruido propios de tal, en Sri Lanka y en cualquier otra parte del mundo. Las ancien cities y sus ruinas fueron nuestra primera parada.
El primer día, demasiadas piedras y demasiadas pocas historias. Un poco duro para mí, que carezco de la sensibilidad necesaria para apreciar el significado sino queda la historia algo más dibujada.
Por una parte, miedo a estar cansada de viajar y, por ello, no sentir la emoción que acompaña al descubrimiento. Y por otra, el miedo a que se notara demasiado, a que se convirtiera en la tónica general del viaje y, por lo tanto, esto afectara a Sílvia, que tanto tiempo llevaba esperando su regalito del año. Al final, falsa alarma.
Esa primera semana nos movimos rápido, visitamos todas las ciudades antiguas, las ruinas, los restos, los Budas milenarios, sus templos... y disfrutamos. Y yo en concreto acepté que hay un tipo de ruinas que no me inspiran gran cosa, pero que otras me llegan a emocionar. Era simplemente una cuestión de gustos. Nada más.
El encuentro con una pareja de vascos que nos acogieron en su furgo con su conductor hizo que nuestro timming, tan bien preparado por Sílvia, ganara días de vacaciones. Llegamos a pensar, a medida que ganábamos días, que al final nos pagarían por estar allí en vez de al revés.
Como siempre nos ha pasado, tras unos días Sílvia y yo compartimos los miedos que teníamos sobre el viaje (que comprobamos que eran los mismos): ¿Quizás Sri Lanka era demasiado parecida a India? ¿Estaría Laura cansada de esta zona del mundo? ¿Disfrutaríamos del país? ¿La gente sería amable o volveríamos a encontrarnos con el carácter de los chinos como acompañante?
Y con sonrisas y muchas palabras, que a las dos nos encanta hablar y hablar y hablar y hablar... llegamos a la misma conclusión: la gente es encantadora, todavía no maltratada por el turismo, ni vendida por un dólar, y el viaje volvería a ser una experiencia maravillosa para las dos. Un reencuentro tras tantos meses sin mi Bridget particular, ¡¡sin mi Louise!!

Thelma & Louise on the road again!

Pasada la primera semana nos movimos hacia las plantaciones de té que tan maravillosos paisajes ofrece. Abandonados ya los tuk tuks a precio de oro, decidimos continuar el viaje en trenes y autobuses locales.
El turismo en Sri Lanka requiere una pequeña inversión. Sin duda es más caro, bastante más caro que India. Pero lo que se lleva la pasta es la entrada en las diferentes reservas históricas y naturales. Aquí ya hablamos directamente en dólares y he de decir que con menos de 20 no tienes ni para empezar. Y la casi inevitabe (siempre hay formas de evitarlo) forma de moverte entre ellas que te obliga a ir en tuk tuk o con conductor privado. Mucha gente viene con el chófer y el coche alquilado desde sus países y, aunque caro, es muy práctico.
Sílvia y yo lo hicimos a medida que llegábamos a los sitios, y siempre encontramos el modo de hacerlo en la versión más económica posible, pero requiere de cierta paciencia y algo de suerte. María e Igor, los vascos, nos lo hicieron más sencillo, sin duda.

Y tras pasar un par de días practicando el arte de la retórica y el debate frente a un par de pares de tés en lo más parecido a una cafetería que encontramos, salimos de Nuare Liya y de su incesante lluvia londinense. Y es que por alguna razón los ingleses trajeron el té a esta zona de Sri Lanka... Ceylón se llama y por lo visto es el mejor del mundo.

Y llegamos a Ella, que no él, tal y como me dijo mi hermano, no por una cuestión de género sino geográfica. Vamos que aquí o es ella o no es nada. Y allí disfrutamos de sol, de naturaleza montañosa y de nuevos trayectos en tren con vistas bonitas, que no espectaculares, como se las prometía. Era ya el segundo tren que cogíamos y ya sabíamos que en primera no había posiblidades  de tener billete y que en segunda, de lo que no habría posibilidades era de sentarse.
¡Empuja fuerte!, como si de un parto al revés se tratase, era la frase para poder entrar entre tantos srilanqueses. Una vez traspasada la puerta había que encontrar hueco para las mochilas y ubicación para los pies, de modo que los traqueteos no te tiraran encima de alguien. Mujeres sentadas en el suelo con bebés y niños pequeños sobre sus piernas dormidos como benditos; la madre, el hijo y el otro hijo sentados en un mismo asiento, unos sobre otros, y los otros dos niños con el culo en cada una de las mitades del otro asiento libre. Y nosotras, de pie, intentando acomodarnos lo mejor posible, a una distancia prudencial que permitiera comunicarnos entre nosotras sin dar muchas voces. Así unas 3 horas. Tampoco es para tanto. Y, sin embargo, la experiencia fue en ambas ocasiones muy especial. Pudimos ver cómo para que nos pudiéramos sentar al final del trayecto una familia de 4 miembros se achuchaba en dos asientos y nos dejaba los otros libres para las dos. Al final, uno de los dos niños acabó en las rodillas de Sílvia.
La verdad es que son encantadores.
Y bueno, ahora, a una semana de que Sílvia vuelva a España está echándose la siesta del burro, a la una del mediodía, ante la inevitable espera a que la lluvia remita.

Quizás veamos ballenas y/o tortugas, todo dependerá del tiempo y la pasta.

Os lo cuento en el próximo post. O quizás a la vuelta.

Un beso a todos! Os echo de menos!

Laura