Una vez estoy de vuelta os puedo contar, en clave lo más cómica que me sale ahora mismo lo que me pasó ayer. Pero os aseguro que en el momento no me hizo ni pizca de gracia. Pero bueno, forma parte de hacer cosas y eso es lo que hago aquí, así que es lo que hay. Empiezo por el principio para que os ubiquéis. Igualmente, como ya sabéis que me enrollo si queréis saber qué pasó podéis ir al apartado “La vuelta” en este mismo post y lo veréis directamente pero merece la pena leer desde “De camino a Mollem” para entender qué pasó.
Hace unos días llegué a Benaulim desde Panjim, ambas en Goa, con mi amigo Juan de Bahía Hive, un valiente librepensador y vividor francés de 72 años que conocí en el proyecto de Vicente Ferrer en Anantapur (esto os lo cuento en otro post).
Benaulim es una playa preciosa y sin demasiada gente, a 15 minutos en moto de Margao -45 si vas en bus local (gran experiencia en India)-. Como nos apetecía recorrer Goa y huir de alguna manera del calor del mediodía, decidimos alquilar una scooter durante 4 días. Dos estaríamos Juan y yo y los otros dos yo sola.
El primer día fuimos en busca de Old Goa y nos costó encontrarla, de hecho Juan sigue pensando que encontrar 3 iglesias no significa haberla encontrado. Pero claro, es comprensible la decepción cuando te has hecho 50 kilómetros a velocidad máxima de 40 por hora -lo que significa cerca de una hora y media en la carretera esquivando indios en contradirección y saltando baches infinitos- y además te ha dado el viaje para que te pongan una multa e intenten ponerte una segunda. La multa, como comprenderéis, no era por exceso de velocidad, sino porque en Goa la ley te obliga a llevar casco (inaudito en India) pero sólo al conductor de la moto y solo en carreteras principales. Es más, en pueblos está PROHIBIDO usarlo no vayas a ser un terrorista.
Juan en la moto con el casco 3 tallas m'as pequenyo de lo que necesitaba
El caso es que nada te indica la salida del pueblo y la entrada en carretera principal y como la calidad de la carretera no varía demasiado, te lo tienes que imaginar. Así que justo al salir del primer poblado nos para la poli y nos pone una multa de 100 rupias (menos de 2 euros). Juan la paga, se pone el casco y me da el papel hecho una bola para que lo guarde.
Bien, pues nada más encontrar Old Goa y salir de ella sin darnos cuenta -concentrados como estábamos en encontrarla- volvemos a encontrarnos con un puesto de policía que nos para de nuevo.El caso es que a Juan se le ocurre decir que ya nos han puesto una multa y entonces el poli salta: “ha entonces nada, vale por 24 horas”. Deshago la bolita, se la enseño y nos hace un gesto como de que podemos irnos. Juan y yo alucinábamos. Entonces Juan le dice “¿me pongo el casco?”. “No, no hace falta”, le responde el poli.
Increíble, ¿no? Esto es India.
Tras nuestra aventurilla en Old Goa – aburridos de tratar de encontrarla nos metimos en un ferry y nos fuimos a visitar una islita llamada Divvar y que, por lo que pudimos ver tiene tren, por lo que el concepto de isla queda un poco, por no decir totalmente, diluido. Nada, un par de vueltas y ferry de vuelta a Old Goa -ya sabíamos cómo encontrarla-.
Juan y yo en la moto, de vuelta a Benaulim. Por cierto, est'a prohibido el caso pero a las chicas no les dicen nada si van de esta guisa por los poblados... qui'en parece m'as terrorista?
JUan y yo en el restaurante donde com'iamos normalmente. Aqu'i hay un pesca'ito que ni os cuento!
El segundo día, Juan se iba a Hampi por la mañana -a 8 horas en tren- así que desde la estación de trenes me hice dueña de la moto y decidí irme a explorar el paisaje. Como una de las opciones que barajamos al llegar a Goa fue visitar Palolem, otra playa más al sur, para allá que me fui. Más de una hora de moto a la misma velocidad, con alguna excepción en algunos tramos a 60km/h que compensaban los que iba a 30Km/h. El paisaje, muy agradable. Atraviesas un bosque bastante grande que te alegra la vista tras kilómetros de palmeras -parece que son más kilómetros de los que son, pero es un efecto sensorial debido a la velocidad-. Claramente no por ir muy rápido...
Al llegar me encontré con una playa muy bonita rodeada de tiendas, bares y con -parecía- una intensa vida nocturna. Vamos, una especie de Playa del Inglés -algo menos hortera- con un toque hawaiano al que se sumaba la presencia de indios ricos -muy interesante maxmix-, y sin opción de playa nudista. Tanto en el camino como allí, muchos blanquitos, claro.
De camino a Mollem
Y el tercer día, como Palolem no me había parecido que estuviera lo suficientemente lejos y seguía loca en busca de aventuras y cositas por descubrir... me salí del estado y dormí en Karnataka. Y todo ¿por qué? Pues por dar un paseo de 2 horas por el bosque. Magra recompensa a tan duro viaje.
No fue intencionado, claro. Más bien es que, no sé por qué, el viaje se fue torciendo desde el principio y en vez de parar y dar media vuelta, continué -cabezona como soy- hasta llegar a donde tenía pensado: el Parque Nacional de Mollem. La idea era cambiar de aires y ver algo distinto.
Hasta Ponda todo fue bien, las referencia que me dieron -izquierda-derecha-izquierda- fueron correctas y yo las seguí bien -ya me estaba acostumbrando a entender cuándo hay que coger la derecha o la izquierda, que no es que signifique que sea la primera, puede que sea la cuarta calle pero te tienes que dar cuenta. Lo bueno es que casi siempre se refieren a carreteras principales (las del casco)-. Así que llegué sin problemas.
Las dificultades comenzaron cuando a unos 20 kilómetros de Mollem me empiezo a encontrar camiones parados en la carretera contraria. Los paso pensando que lo mismo es una huelga, hasta que de frente me aparece la hilera correspondiente a mi carretera. En la foto es justo antes de encontrarme los camiones de frente en mi dirección. Ante tal panorama, yo, ni corta ni perezosa, voy y me bajo a hacer la foto de rigor ante la asombrada mirada de los camioneros indios que hace que no ven a una blaquita mucho tiempo -de eso me di cuenta después-.
La camionada antes de darme cuenta de lo que ven'ia encima
Tras un rato detrás de ellos decidí que no podía seguir así mucho tiempo, así que me lancé al rally intercamionil y empecé a pasarles conduciendo a lo Carlos Sáinz entre medias de las dos hileras de camiones y esquivando al mismo tiempo otras motos que venían de frente con la misma idea en su cabeza: salir de ahí lo antes posible. Como al mismo tiempo ellos avanzaban, me seguía comiendo toda la mierda que soltaban pero por lo menos durante menos tiempo, pensaba. Los ojos me lloraban de la arena y como eran las 2 del mediodía me estaba pegando un hartón de sol que ni os lo imagináis. Así me pasé más de 45 minutos, a 20 por hora... Un accidente había sido el culpable. Por lo menos en mi dirección, en la contraria, ni idea.
Una vez pasé la pesadilla de los camiones, llegué a Mollem. Es decir, me encontré con unos 10 bares (indios -atención al concepto que es importante aquí-) y tiendas (indias también) -en total, no 10 bares y 10 tiendas, no. No vayáis a pensar que para dar nombre a un poblado y que aparezca en el mapa se necesita mucho más-; distribuidos a lo largo de la carretera principal -la del casco, sí-. Y pregunté dónde estaba y dónde estaba el parque nacional (ni un solo cartel había indicado su existencia hasta ese momento).
As'i llegu'e al parque nacional tras mi rally a lo Carlos S'ain entre los camiones
Por lo visto, el parque estaba un poco más adelante. Bueno bien, pensé. Por lo menos he llegado con tiempo para verlo. Pero en India nada es lo que parece que va a ser.
La puerta de acceso con el cartel del parque estaba, pero cuando entré, me explicaron que esa no era la entrada que había dos entradas más y que si quería ver las cascadas tenía que ir a 20 kilómetros en dirección contraria a la que venía y bla, bla, bla, bla, bla... Yo ya no entendía nada. ¿¡¡Dirección contraria!!? ¡¡Pero si estaba dentro del parque!! ¿Volver a los camiones? ¡Ni loca!
“Stop, please” le dije al hombre. “No entiendo nada. Creo que estoy demasiado cansada para entender ningún idioma. Menos aún el inglés indio -esto último lo pensé, claro-.Voy a comer algo y en un rato vuelvo y me cuenta lo de las 2 entradas, los 20 kilómetros y bla bla bla... Por cierto, ¿me puedo lavar la cara en algún sitio?
A esto yo estaba más morena que en mi vida. El colorcito este anaranjado que se me había pegado gracias a la arena que levantaban los camiones y el aceite de los tubos de escape no era muy homogéneo pero me daba un toque de exceso de rayos uva en temporada de sky -por lo de la forma de las gafas- muy... especial, podría decir. Solo tenéis que ver la foto...
Tras lavarme y comer algo, un poco más recuperada, volví a hablar con el hombre. Al final sí se podía entrar por allí pero... -diatriba del hombre-:
No verás las cascadas porque desde aquí no se accede. A lo sumo un riachuelo a 7 kilómetros de aquí.
Los animales están libres. No creo que veas ninguno pero inténtalo. Hace demasiado calor y están resguardados.
Eso sí, si ves alguno, que sepas que es “under your own risk”. Vamos que si te pasa algo es tu culpa y no vamos a hacer demasiado para ayudarte. Tú decidiste entrar.
Hay que pagar 60 rupias.
Decidí hacer como que no le había oído. Pagué las rupias (1 euro aprox) y entré dispuesta a disfrutar de lo que me encontrara y a pasear ajena a cualquier otro ruido que no fuera el de los pájaros y los animales salvajes que se suponía podían ponerme en riesgo. Resumo las especies que vi en el Parque Nacional:
Una ardilla gigante
Monos
Pájaros
Mariposas
Vamos, nada que no hubiera visto antes en libertad y que pudiera atacarme. Pero este era el Parque Nacional, y claro, tiene un prestigio que mantener.
La vuelta
Tras un par de horitas caminando por el único camino que había -el mismo de ida y de vuelta-, salí del parque dispuesta a volver a Benaulim a dormir. Tenía unas 2horas hasta que se hiciera de noche. Lo justo para llegar. Eso sí, siempre que no hubiera contratiempos. Pero los hubo...
Cogí la carretera de vuelta con la intención de enfrentarme de nuevo a los cientos de camiones que me imaginaba todavía seguían ahí y volver a hacer lo mismo que esa mañana -hecho una vez, ya me daba igual dos- pero rezando para que ya no estuvieran. Pero la situación se había complicado.
Tras varios kilómetros en la moto me encontré conque la carretera estaba cortada por otro accidente diferente (no entiendo qué pudo pasar si hacía 2 horas estaban completamente parados...) y no se podía pasar ni siquiera con la moto.
Ante el panorama que tenía delante: cientos de camioneros indios mirándome intensamente, cientos de camiones rodeándome, 2 horas de camino hasta mi destino y 2 horas para que se hiciera de noche, decidí intentar llegar por otra carretera. Y pregunté si había esa posibilidad.
“Sí, tú sigue recto hasta llegar a asdnfjklasndvjlkkenet” o algo así y luego Margao.
Durante un rato recordé el nombre del sitio pero cuando me sorprendió un diluvio en medio de una carretera de montaña llena de curvas donde me encontré con otro accidente, se me olvidó. Qué cosas, ¿eh?
Así que empapada y sin nadie a quien preguntar seguí recto, recto, recto, recto, recto... hasta el único pueblo que vi en el camino que resultó que ya estaba en Karnataka (otro estado diferente a Goa).
A estas alturas faltaba como una media hora para que anocheciera y yo estaba empapada y muy cansada. Así que cuando me dijeron que Margao estaba en dirección contraria y yo estaba en otro estado se me empezaron a caer las lágrimas. Os juro que no es que me pusiera a llorar en plan melodrama con aspavientos tipo telenovela. Simplemente me empezaron a rodar por las mejillas unos lagrimones que ni yo misma me lo creo. Eran un poco como de decir: ¿pero cómo es posible? No ha habido ninguna desviación desde Mollem, ¿¡¡cómo es posible que tenga que ir en dirección contraria!!?
Estaba tan cansada que no podía ni pensar. Y, de nuevo, incapaz de entender a los dos únicos indios de todo el pueblo que hablaban inglés.
A todo esto, intentaba explicarles que si había forma de encontrar una furgoneta donde meter la moto y que me llevaran a Ponda, Margao o donde fuera con tal de no quedarme en ese pueblo de mala muerte. Por nada del mundo quería volver yo sola, de noche, lloviendo, por ese bosque y con esos camiones allí esperándome. Era como una pesadilla.
Al final aparecieron 3 chicos que me proponían planes de lo más curiosos:
Plan A: que uno de ellos condujera la moto hasta Ponda y yo iba o de paquete o en otro camión de uno de sus amigos. Para ir de paquete de un tío que no sé ni cómo conduce, ya conduzco yo, pensaba. Pero bueno, yo solo escuchaba, no podía ni discutir.
Plan B: esperar ahí 4 horas a que ellos fueran y vinieran de Margao con un encargo y meter la moto en el camión e ir de nuevo para allá. Esto suponía empezar el “viaje” a las 12 de la noche, siempre y cuando el chico no cambiara de idea. Además de suponer las buenas intenciones (o no) del chico, claro. Y además para hacerlo me pedían el teléfono del dueño de la moto para hablar con él de no sé qué. A todo esto yo no tenía ninguna gana de que se pusieran a hablar en hindi, se dijeran lo que quisieran y no me lo contaran. Porque el factor mujer y el concepto asociado nosotros-te-cuidaremos-no-hace-falta-que-sepas-qué-está-pasando-con-la-moto-que-tú-has-alquilado... estaba bien claro aquí.
Plan C: Propuesto por mí, pero no lo tenía demasiado claro. Si vais a Margao, yo conduzco y os sigo y listo.
Como la cosa no estaba suficientemente complicada, entre la gasolina y demás me había quedado sin dinero. Tenía en total 40 rupias en el monedero -menos de un euro- y sí, las tarjetas, pero claro en un pueblo compuesto por 15 tiendas y bares (indios), 20 casas, un hotel y una guest house -este pueblo era una calle y media más más grande que Mollem- os imaginaréis que no había ningún cajero. El más cercano estaba a 4 kilómetros, y yo ya no podía más. (¿Te recuerda a algo Silvi? ¿Un dejà vu, quizás?)
Al final los chicos decidieron que no harían buen negocio conmigo. Yo decidí que sólo iba con ellos si era yo quien conducía la moto y demás. Se fueron sin mí. Y menos mal porque a la mañana siguiente, tras dormir en la guest house, lo vi todavía más claro: por la noche habría sido incapaz de conducir otras 2 horas de vuelta.
Nada más amanecer salí en busca del cajero, saqué dinero pagué e inicié el camino de vuelta por el mismo sitio por donde había llegado la noche anterior. Ni un sólo desvío en el camino. Nada. No entiendo dónde estaba la supuesta otra carretera. Como era muy pronto todavía no había dado tiempo a que hubiera accidentes, así que lo que el día anterior había sido una pesadilla, ese día era simplemente una carretera de montaña con curvas, sin lluvia, otra carretera de tierra un poco desagradable por el polvo y camiones circulando con normalidad. Nada que ver con lo que había vivido el día anterior. A las 9 y media de la mañana, 2 horas y media más tarde entraba en Benaulim sin ningún contratiempo.
Sin duda ahora puedo decir que he cruzado Goa en moto.